Por Mons. Hugh Shields
Redacción del CS&T

Estamos acostumbrados a escuchar palabras amables acerca de alguien cuando muere. Y porque estamos tan acostumbrados a estas frases, se pueden perder muy fácilmente los pensamientos y sentimientos que estas palabras intentan comunicar. Permítanme compartir algunas frases que he escuchado desde la reciente y repentina muerte del padre vicentino Michael T. Mazurchuk, (Padre Miguel):

«Siempre estaba sonriendo.»

«Nunca se trataba de él … siempre de los otros.» «él fue mi sacerdote violín.»

«¡él hizo tanto por mí y por mi familia!» «Era un buen hijo …un hermano atento.»

«Nuestra congregación vicentina está realmente sentiendo su fallecimiento.»

«Cuando anunciaron su fallecimiento en la misa, el domingo, hombres y mujeres lloraron.»

Cuando yo visité Panamá durante la Semana Santa de este año, las personas de allí hablaban de los diez años de ministerio que el ‘padre Miguel’ había compartido con ellos. Padre Miguel fue un padre misionero en Panamá, en Nueva York, y en las calles del norte y del sur de Filadelfia. él fue un sacerdote de todos. Pero su corazón y su alma caminaron con la comunidad hispana.

Hemos perdido … ¡no!, le hemos devuelto al Señor … un buen hombre, un buen sacerdote, un buen vicentino y un buen amigo.

Que el Señor le dé la bienvenida en casa al padre Miguel. Que el Señor consuele con su paz a los padres y familiares del padre Miguel, a la Congregación de la Misión (Vicentinos) y a todos nosotros los filadelfianos que consideramos al padre Miguel nuestro sacerdote.

¡Qué descanse en paz!

Mons. Hugh Shields es el Vicario para Hispanos Católicos de la Arquidiócesis de Filadelfia.





Escuche al Padre Miguel Mazurchuk celebrar la
misa de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe el año pasado. (En la
grabación, después de la bienvenida hay casi un minuto de silencio seguido por
música de violín y la misa.)