Archbishop Charles J. Chaput

El Evangelio pide a los cristianos amar y respetar a las personas, sin importar cuan profundamente podríamos no estar de acuerdo con ellas. Pero no tenemos esa obligación de aceptar una mala ley o la confusión que ésta crea. La Ley no sólo regula, sino que también enseña, por eso nuestros debates nacionales sobre el aborto y el matrimonio han sido argumentados tan vigorosamente en los tribunales.

La desgracia de nuestros tiempos es que nuestros tribunales sistemáticamente han derogado y  tratado de cambiar la voluntad del  pueblo sobre la naturaleza del matrimonio; y esto tiene implicaciones.

Helen Alvare, profesora de derecho en la Universidad George Mason, señaló recientemente que la Corte Suprema ya ha «sugerido fuertemente [en su decisión de Windsor 2013] que cualquier punto de vista del matrimonio que excluye la posibilidad de uniones del mismo sexo es irracional e incluso odioso» mientras articula «un significado del matrimonio sorprendentemente en contradicción con ambos siglos de ley estadounidense» y creencia cristiana sobre la dignidad de la sexualidad humana y la naturaleza de la familia.

En los días posteriores a que una corte de distrito federal revocó la ley de matrimonio de Pensilvania al principio de este mes, una variedad de profesores de derecho de todo el país–juristas con décadas de experiencia en la enseñanza y la práctica de la corte– me escribieron. Describieron el fallo de la corte y la negativa del estado a apelar la decisión como «desconcertante», «atolondrada» y hasta «untuosa».

Uno dijo que «he estado enseñando derecho constitucional durante más de 30 años, así que pensé que lo había escuchado todo; pero evidentemente no»; otro simplemente citó la crítica famosa del juez Antonin Scalia de la presentación de un desventurado abogado: «Es estúpido, o él cree nosotros los somos»; y hubo otro que escribió que «estamos viendo una catástrofe en despliegue –una que destruirá la capacidad de la Iglesia de transmitir la verdad de su enseñanza sobre el matrimonio a nuestra propia gente joven. En cuanto a lo que sus consecuencias serán para la sociedad en términos más generales, usted no necesita mis palabras».

Estas son palabras duras de personas acostumbradas a usar un lenguaje cuidadoso. Su frustración subraya cuan serios han llegado a ser los desafíos a la vida del matrimonio y la familia. Pero detenernos en la confusión del momento logra muy poco; nuestra tarea como creyentes es vivir y ser testimonio de lo que sabemos ser verdad y hacerlo sin rencor o falta de respeto para aquellos que creen diferente.

Eso significa, en primer lugar, que los católicos casados necesitan amar a sus esposos y criar a sus hijos con un sentido profundizado del discipulado cristiano. También significa que la Iglesia necesita hacer un mejor trabajo de proporcionar una comunidad de apoyo para parejas y familias; apoyo que hace que su visión del matrimonio y la familia sea atractiva. Cada vida tiene sus sufrimientos, pero Dios nos hizo en última instancia, para la alegría, y a menos que la vida católica satisfaga el deseo humano de felicidad —y articule esa alegría claramente al mundo— el Evangelio no será escuchado.

Ser testimonio de lo que sabemos ser verdad también significa expresar nuestras convicciones públicamente y con confianza. La fe cristiana es personal pero nunca privada; siempre tiene una dimensión comunitaria; siempre tiene obligaciones públicas. Y eso lleva al punto clave de la columna de esta semana.

La anual Marcha para el Matrimonio se llevará a cabo el jueves 19 de junio, de 10:30 a 2:30, en los terrenos del Capitolio, First Street NW y Constitution Ave., en Washington, D.C. Ésta es una oportunidad crucial para que los católicos de Filadelfia muestren su apoyo a la familia y al matrimonio como una unión permanente de un hombre y una mujer. Los autobuses saldrán de las parroquias St Raymond en Filadelfia; St. Andrew en Newtown (Condado Bucks);  SS. Simon and Judas, West Chester (Condado Chester); St. Pius X, Broomall (Condado Delaware) y Blessed Teresa of Calcuta, Limerick (Condado Montgomery).

Las culturas cambian cuando las personas cambian. Y las personas cambian a través de la palabra y el testimonio de otras personas. Éste es un momento para mostrar nuestro apoyo a la naturaleza de la familia y la integridad del matrimonio como piedras angulares de nuestra vida como nación. Haga todos los esfuerzos este año para unirse a la Marcha para el Matrimonio.

Para reservar un asiento del autobús, póngase en contacto con la Oficina para la Vida y la Familia en su sitio web en http://phillycatholiclife.org/marchformarriage/. Para obtener más información sobre la Marcha para el Matrimonio, por favor visite www.marriagemarch.org/about.