Moises Sandoval

Con frequencia leemos noticias de la generosidad de la gente, instituciones, comunidades y corporaciones portando ayuda a causas que la necesitan.

Cuando un pistolero asesinó a policías neoyorquinos Rafael Ramos, de 40 años, y Wenjian Liu, de 32 años, mientras estaban sentados en su auto patrulla en una calle de Brooklyn el 20 de Diciembre, la fundación Yankee Silver Shield, establecida en 1982 por el fallecido George Steinbrenner, dueño de los beisboleros Yankees, anunció que pagará por la educación de los hijos de Ramos, uno de 13 años y el otro ya en la universidad. Liu, recientemente casado, no tenia hijos. La fundación ha educado a los hijos de mil policías, bomberos y empleados de la autoridad del puerto de Nueva York quienes murieron mientras desempeñaban sus deberes.

Para mí, una caridad favorita es Médicos Sin Fronteras, sirviendo en las peores crises médicas en el mundo. Actualmente están en países del oeste de África asistiendo a víctimas de ébola. También me gusta el trabajo de American Friends Service Committee y Catholic Relief Services.

Para la mayoría de nosotros, donar es una actividad temporánea. Sin embargo, hay personas especiales como Margaret Domashinski, de West Suffield, Massachusetts, que dan de la esencia de su vida. Apareció en las noticias recientemente porque donó uno de sus riñones al Padre Michael Whyte, desde 2007 pastor de la parroquia Santa Catarina de Siena en West Simsbury, Connecticut.

El padre Whyte sufre de diabetes tipo 1 que durante los años le destruyó los riñones. Hace año y medio, sus médicos le informaron que podía esperar seis meses de vida si no hacía nada y cinco a siete años con diálisis. Un trasplante le daría 20 a 25 años más de vida.

El sacerdote anunció su situación un domingo en la Misa y sus parroquianos organizaron un comité para ayudarle a buscar un riñón. La parroquiana Domashinski dijó durante una entrevista de televisión: “Sentí que era compatible. Sé que es poco escalofriante, pero yo sabía. Le pregunté, ‘¿Cuál es el tipo de su sangre’? Cuando el dijo, ‘O Positivo’ le dije a mi esposo, ‘Soy compatible”.

Domashinski, una madre en sus cinquentas y con tres hijas de edad 17, 13 y 10 años, consultó con ellas y con su esposo. Con su pleno apoyo le ofreció al pastor un riñón después de una Misa diaria. Después de año y medio de pruebas que confirmaron compatibilidad casi perfecta, la cirugía se llevó a cabo el otoño pasado. Seis semanas después, el padre Whyte regresó a su trabajo en plena salud y energía.

“El pueblo espera otro Lázaro…u otros 5.000 que sean alimentados….Dios nos da milagros; este es uno”, el padre Whyte declaró.

En la primavera de 2014, Domashinski fue a África para servir en una misión en Uganda. Vuelve este verano con sus hijas para ayudar a establecer un centro de ciencia. Atribuyendo todo a su educación, dijo durante una entrevista que sus padres le dijeron: “No estás aquí sólo para ser mueble”.