Hace poco, durante un servicio penitencial en Brooklyn, Nueva York, un grupo de teatro juvenil presentó una obra sobre cómo Jesús derrota los esfuerzos de ciertas fuerzas del mundo que reducen a las personas a ser instrumentos y objetos de ambiciones ajenas que las destruyen.

La obra mostraba a una joven siendo tentada por vicios — la avaricia, la vanidad, las drogas — que primero la distraían y luego la llevaron a pensar que ella y su vida no tenían sentido. Cuando ella está a punto de quitarse la vida, ella reacciona y corre hacia Jesús. Pero los vicios y tentaciones la jalan y la golpean mientras ella lucha por levantarse. Entonces Jesús corre a protegerla. Él toma la paliza, mientras ella comienza a orar. Derrotando al mal, Jesús la levanta y la abraza.

Ver esta obra me recordó el discurso que el Papa Francisco a miles de jóvenes en México, durante su viaje en febrero. Allí, el papa se centró en tres palabras: riqueza, esperanza y dignidad.

Respondiendo al testimonio de los jóvenes en Michoacán — un área conocida por su tráfico de drogas, violencia y falta de trabajo digno — el papa le pidió a la gente joven que recordaran su valor.

Llamándolos “la riqueza de la nación”, el papa les pidió a los jóvenes que no dejaran que nadie les haga creer que su presencia no importa. Él también les dio una palabra de esperanza: Jesús.

“Cuando todo parezca pesado, cuando parezca que se nos viene el mundo encima, abracen su cruz, abrácenlo a él. Por favor, nunca se suelten de su mano aunque los esté llevando adelante arrastrando y si se caen una vez déjense levantar por él”, dijo el papa.

Otra parte de la obra teatral en Brooklyn que me hizo pensar en el mensaje del papa fue lo fácil que era distraerse y entrar en un ciclo destructivo donde adormecer un dolor del alma no es suficiente.

No es una situación limitada a los jóvenes en México.

El papa habló de los señuelos de la riqueza y prestigio, diciendo que era la principal amenaza a la esperanza de una mejor vida, era “hacerte creer que empiezas a ser valioso cuando te disfrazas” con ropas de marca o cuando te vuelves adinerado. La esperanza peligra cuando uno cree que se volverá valioso “cuando” se obtengan ciertas metas pero “en el fondo, tu corazón no cree que seas digno de cariño, digno de amor”.

El Papa Francisco reconoció las tentaciones de las promesas de los cárteles de la droga a la juventud mexicana. También se dio cuenta de que el horror y miedo que los jóvenes enfrentan cada día puede hacerlos dudar de que sean “la riqueza de la nación”.

Cuando una joven le dijo, “nos dicen que somos la esperanza para un mundo mejor. ¿Pero que nos da esperanza?” El papa le dijo que los horrores del mundo no son rival para Jesús.

Este mensaje de esperanza puede resonar con los jóvenes en todo el mundo, especialmente los afectados por la pobreza y la delincuencia. Cuando son excluidos, desvalorizados o tratados como mercancía.

El recordatorio del papa, de que los jóvenes somos valiosos aun cuando otros tratan de usarnos con falsas promesas le puede tocar el corazón a mucha gente. Como una adolescente de la diócesis de Brooklyn ha señalado, todo el mundo tiene “alguna situación difícil por la que están pasando” y es al dejar de preocuparse por lo que el mundo considere valioso, que podrán centrarse en el amor de Dios y se sentirán orgullosos de ellos mismos.

Como el Papa Francisco dijo, sosteniendo la mano de Jesús no conduce a tener los bolsillos llenos de plata, sino a “la experiencia de sentirse amados, abrazados, acompañados” y a la dignidad.

“Porque de la mano de Jesucristo es posible vivir a fondo, de su mano es posible creer que la vida vale la pena dar lo mejor de sí, ser fermento, ser sal, ser luz en medio de sus amigos, de sus barrios, de su comunidad, en medio de la familia”, expresó.

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Negro Chin escribe para The Tablet, el periódico de la Diócesis de Brooklyn.