Archbishop Charles J. Chaput

Archbishop Charles J. Chaput

¿Cómo reconciliamos a un Dios de amor, la belleza y dignidad de la vida y el hecho de la discapacidad humana?

Este 23-26 de junio, éste será un tema clave considerado en Roma como parte de Living Fully 2016: Disability, Culture and Faith – A Celebration  (Vivir plenamente 2016: discapacidad, cultura y fe — Una celebración).

Principalmente, «Vivir plenamente» honrará a las personas con discapacidades y destacará las bendiciones únicas que traen a la comunidad cristiana. Surge en un momento especial para los católicos, durante este Año del Jubileo de la Misericordia, cuando cada uno de nosotros está invitado a reconocer nuestra dependencia de la gracia redentora de Cristo.

«Vivir plenamente» incluirá oración, colaboración y estrategias para el fortalecimiento de la familia. Esto incluirá compartir las experiencias de la discapacidad en distintos países y contextos culturales, así como el desarrollo de una «carta para el cambio», compuesta por los asistentes para llevar a sus comunidades locales para mejorar el respeto a las personas con discapacidades. De ésta y varias maneras más, «Vivir plenamente» busca una renovación de vida cristiana en todo el espectro de la capacidad.

Uno de cada cinco estadounidenses vive con una discapacidad. No obstante, hemos luchado y fallado a menudo como una nación en la creación de una respuesta integral a la discapacidad, remontándonos más notoriamente a la decisión de la Corte Suprema de 1927 Buck v. Bell. En ese fallo de 8-1, el Tribunal aprobó la esterilización de una mujer considerada con «retraso mental» por los jueces. Recordando esos momentos en nuestra historia nacional nos ayuda a ver más claramente el ídolo de perfectibilidad humana que puede ocultarse en el corazón moderno —la idea de que podemos crear mujeres y hombres «ideales». Ésta es una falsa visión del hombre y no sólo «falsa» sino peligrosa porque es imposible de lograr sin repudio a quienes somos como criaturas de Dios.

En nuestro tiempo, las pruebas prenatales permiten no sólo hermosos encuentros con nueva vida en el útero, sino también íntima violencia contra cualquier niño considerado oneroso, ya sea por su género, o discapacidad física o cognitiva.

San Juan Pablo II, en su discurso de 1983 ante la Asociación Médica Mundial, subrayó que «ustedes deben hacer un esfuerzo constante para tener presente la unidad profunda del ser humano, en la interacción evidente de todas sus funciones corporales, y también en la unidad de sus dimensiones corporal, afectiva, intelectual y espiritual».

Para los cristianos, cualquier definición de salud que haga caso omiso de esta unidad del conjunto es sólo «salud» en un sentido seriamente defectuoso. La salud es física, afectiva, intelectual y espiritual a la misma vez. La atención a la totalidad es realmente la clave porque no somos sólo un conjunto de funciones mecánicas. Dentro de nosotros sucede mucho más que lo que una prueba diagnóstica puede revelar.

En consecuencia, una persona con una discapacidad puede estar físicamente incapacitada y falta de salud en un sentido estrictamente corporal. Pero los seres humanos son enormemente más que lo que parecen ser.

Se nos olvida muy a menudo que cada uno de nosotros posee infinita dignidad y valor ante los ojos de Dios. Su amor —que es más profundo, más fiable y más duradero que cualquiera de las  nociones seculares de «igualdad»— trasciende los prejuicios y juicios de nuestro tiempo. La verdad es que ninguno de nosotros es realmente igual en realidad.  Somos —cada uno de nosotros— diferentes en nuestras fortalezas y debilidades, nuestros dones y nuestras necesidades.  Y estas diferencias existen como una invitación a amarnos y apoyarnos (y completarnos) en nombre de Dios. Así es con cada capacidad y discapacidad; juntas son pruebas de que Dios nos hizo el uno para el otro, no sólo para nosotros mismos. Y la reunión «Vivir plenamente» será una ocasión oportuna para redescubrir este vínculo de amor; una oportunidad para la solidaridad y para promover la participación activa en la vida cristiana de aquellos con retos físicos y mentales.

La Iglesia global puede esperar muchos frutos de «Vivir plenamente». Pero también espero que cada parroquia y cada creyente en nuestra comunidad católica tome en serio la importancia de respetar e incluir a las personas con discapacidad en la vida de la Iglesia. Al final, todos vamos a ser juzgados por nuestra propia capacidad –o incapacidad— en la vocación de amor altruista.

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Retiro para padres de niños con discapacidades: Padres elegidos.  El sábado, 30 de abril en el Seminario San Carlos. La Oficina para la Vida y la Familia y la Oficina para Personas con Discapacidades serán los anfitriones de un retiro para los padres y abuelos de niños con discapacidades. El retiro será dirigido por Doug Keck, un padre escogido, que es el presidente de EWTN y un galardonado presentador de televisión y radio. Puede registrarse en línea visitando www.opdarchphilly.org. Para obtener más información, llame al 215-587-3530 o escriba por correo electrónico a mcullinan@archphila.org. Haga click aquí para leer un folleto: http://opdarchphilly.org/wp-content/uploads/2016/02/Chosen-Fathers-April-30-2016-web.pdf

Retiro para madres de niños con discapacidades: El martes, 3 de mayo en Malvern Casa de Ejercicios, Padre Dennis O’Donnell dirigirá un retiro para las madres y abuelas que están criando niños con discapacidades y también para aquellos que tienen hijos adultos con discapacidades. Habrá tiempo para orar, reflexionar y hablar con otras madres. Para registrarse en línea visite www.opdarchphilly.com. Para obtener más información póngase en contacto con Malvern Retreat House al 610-644-0400 o con la Oficina para Personas con Discapacidades, Arquidiócesis de Filadelfia, llamando al 215-587-3530. Haga click aquí para un folleto: http://opdarchphilly.org/wp-content/uploads/2016/02/Mothers-of-Children-with-Disabilities-Retreat-Day2016-WEB.pdf.