Archbishop Charles Chaput, O.F.M. Cap.

Archbishop Charles Chaput, O.F.M. Cap.

En mi columna de la semana pasada, ofrecí algunas reflexiones personales sobre la naturaleza de la carrera presidencial de esta temporada de elecciones y lo alejados que están ambos candidatos, por varios años de luz, de la experiencia del estadounidense común. Cada candidato tiene habilidades y déficits. Hay mucha distancia entre la riqueza, los privilegios, la influencia y educación de ambos candidatos y la manera en que muchos millones de ciudadanos vive la vida cotidiana de nuestra nación.

La riqueza, por supuesto, puede resultar en una gran generosidad. Y no tiene por qué descalificar a una persona del liderazgo nacional —pero en una democracia real, el egoísmo beligerante, la burla de la clase política por bloques enteros de la población votante y un, elitista, sentido del derecho al poder de los privilegiados, claramente lo pueden. Todos estos tres comportamientos son prominentes en las elecciones de este año. Y los católicos norteamericanos, sin embargo, de cualquier modo que decidan votar, tienen buenas razones para estar frustrados con las opciones a las que se enfrentan en los dos partidos principales.

La política implica el ejercicio de poder para el bien o para el mal. Por lo tanto, la política siempre tiene una dimensión moral. Y mientras que la política nunca es el objetivo principal de una vida cristiana, los cristianos no pueden evitar la aplicación de su fe a su razonamiento político sin traicionar su vocación de discípulos. Los cristianos nunca deben ser «de» este mundo, pero estamos sin duda en este mundo. Tenemos el privilegio y el deber de participar en el mundo, incluyendo la arena pública, con la verdad de Jesucristo.

Para decirlo claramente: La separación de Iglesia y Estado no significa, nunca ha significado, y nunca puede significar, la separación de la fe religiosa de nuestra vida política, económica y social.

También tenemos que recordar otra cosa: La Iglesia le pertenece a Jesucristo, no a nosotros. La Iglesia es su cónyuge y madre nuestra, no es nuestra propiedad personal; y si cambiamos o ignoramos sus enseñanzas de acuerdo a nuestras propias opiniones o vanidades o conveniencia, simplemente estamos mintiendo a nosotros mismos y a los demás.

Ocho años atrás, los «conservadores» católicos fueron criticados por los católicos «progresistas» como guerreros de cultura y apologistas de la presidencia de Bush. Pero los progresistas católicos han jugado el mismo papel, a menudo de manera más eficaz, para la presidencia de Obama. Y si consideramos los años de Bush responsables de las consecuencias de una guerra ingenua y desastrosa en Irak, también es necesario considerar los años de Obama responsables de un ataque sistemático e impulsado por la ideología hacia el niño por nacer, hacia nuestro entendimiento histórico de la sexualidad, hacia el matrimonio y la vida familiar, y hacia la libertad religiosa.

Aquí está el punto: Los problemas más profundos a los que nos enfrentamos este año como Iglesia y Nación no serán resueltos por una elección. Eso no es una excusa para excluirnos de la arena pública. Nosotros, , necesitamos pensar y votar este noviembre, guiados por conciencias católicas propiamente formadas. Pero como creyentes, nuestra tarea ahora es mucho más difícil y a largo plazo.

Necesitamos recuperar nuestra fe católica como una identidad unificadora por encima de la afiliación partidista. Y sólo podemos hacer eso colocando realmente a la Iglesia y sus enseñanzas —todas sus enseñanzas, correctamente clasificadas —, en primer lugar en nuestras prioridades. Fuerzas más grandes dan forma a nuestras realidades actuales. Si no somos capaces de entender esas fuerzas, vamos a paralizar inevitablemente nuestra capacidad para comunicar a Jesucristo a generaciones aún no nacidas.

Voy a cerrar sugiriendo al menos un lugar para comenzar nuestro pensar. Uno de los comentarios que más hace reflexionar que he visto en el último año apareció a principios de esta semana (15 de agosto), escrito por R. R. Reno el editor de First Things. Los lectores lo pueden encontrar fácilmente en la web. Pero, con el permiso del autor, he incluido el texto completo aquí. No necesitamos estar de acuerdo con ello. Pero no sería prudente hacer caso omiso de las cuestiones que plantea.

* * *

El elefante en la habitación

Por R.R. Reno

De todos nuestros columnistas principales, Peggy Noonan ha pensado más profundamente acerca de los sentimientos en contra de la clase gobernante que atraviesa nuestra cultura política.

En la columna de la semana pasada del Wall Street Journal, How global elites forsake their countrymen Cómo las élites globales abandonan a sus compatriotas», ella pone su dedo sobre el tema central. Los ciudadano comunes en Alemania, Gran Bretaña, Francia, América y otros lugares no solo están experimentando las dislocaciones de la globalización económica. Ellos no están simplemente respondiendo al cambio cultural, que es conducido a menudo por la inmigración. Ellos están perdiendo su confianza en quienes los gobiernan.

Como Noonan, lo presenta, en la última generación ha habido «una especie de disociación histórica entre la parte superior y la inferior en el Oeste que no existía en los últimos tiempos más moderados». Esos en la parte superior de la sociedad ya no comparten los intereses de los menos afortunados. «Principalmente, no solo es una separación, sino una falta de interés en las vidas de sus compatriotas, de aquellos que no comparten en la mesa, y que entienden que han sido abandonados por el egoísmo de sus líderes y las señales alocadas de virtud».

He escrito sobre este fenómeno en el contexto americano. Es sorprendente cómo a menudo nuestro liderazgo, de derecha e izquierda, golpea hacia abajo. Los conservadores llaman a la mitad de los estadounidenses «beneficiarios»; los liberales los llaman «racistas». Yo no puedo contar el número de columnas que Bret Stephens ha escrito en los últimos seis meses expresando su horror sin reservas por la ignorancia y la estupidez de los votantes republicanos que tienen la osadía de rechazar la sabiduría política de sus superiores.

Noonan admite que ella no ha podido acostumbrarse a esta disociación de los líderes de sus seguidores. Yo, también estoy luchando por entender. «Es curioso, como Noonan dice: «que nuestras élites han abandonado o están abandonando la idea de que pertenecen a un país, que tienen lazos que traen responsabilidades, que deberían sentir lealtad hacia su gente o, al menos, un respeto sólido».

Visto humanamente, sí, es extraño. Tenemos necesidad de pertenecer. La lealtad es un impulso humano natural. Pero un reciente libro del economista internacional Branko Milanovic, Global Inequality: A New Approach to the Age of Globalization (Desigualdad global: un nuevo enfoque para la era de la globalización), Milanovic llama la atención hacia un «gráfico de elefante», llamado así porque parece el cuerpo descomunal de un elefante levantando su trompa.

En el eje horizontal, vemos la distribución del ingreso mundial. Los ciudadanos de los países más pobres están en la parte trasera del elefante. Su ingreso promedio es bastante bajo. El extremo de la trompa del elefante son los ciudadanos de los países desarrollados. El eje vertical traza la tasa de crecimiento de los ingresos. Aquí vemos una historia muy reveladora. Las economías emergentes han dado nacimiento a una nueva clase media que ha experimentado crecimiento del ingreso rápido. Mientras tanto, el mundo rico se está apartando. El crecimiento de los salarios de la clase media está estancado en la economía globalizada, mientras que los adinerados han visto grandes beneficios.

Traducción de términos en el gráfico:

branko-milanovice-global-inequality-elephant-curve

Global income growth 1988-2008  / Crecimiento global de ingreso 1988-2008

Real income growth / Crecimiento real de ingreso

Poorest  ←  percentile of global income distribution  →  Richest

/ Más pobres  ←  porcentaje  global de la distribución de ingreso  →  Más ricos

Very poorest locked out of growth /Muy pobres bloqueados en crecimiento                                                       

Rising incomes in emerging economies, mainly in China/Aumento de los ingresos en las economías emergentes, principalmente en China

Decline of developed-world middle class /Descenso de la clase media del mundo desarrollado

Booming global elite / auge de la élite mundial

Gran parte de la historia que dice este gráfico es bien conocida. Hemos oído mucho acerca de la desigualdad de ingresos en los últimos años. Pero viendo todo el mundo en un vistazo es diferente. Aquellos que Noonan llamó «protegidos», es decir los ricos y poderosos en el Oeste, comparten con la clase media en el mundo en desarrollo una notable armonía de intereses. Ambos grupos se benefician del nuevo sistema global. Por el contrario, en el Oeste, la clase media está perdiendo terreno.

En definitiva, el sistema global, que está comprometido con el libre flujo de mano de obra, bienes y capital, funciona bien para la clase de liderazgo en Europa y América del Norte, así como para los esforzados trabajadores en China, India y otros lugares. No funciona tan bien para la clase media en el Oeste. Por lo tanto, en el Oeste, los liderados ya no comparten los intereses económicos de sus líderes

Por consiguiente, es natural, ver una disociación. Somos caídos seres humanos. Muy a menudo desarrollamos convicciones que corresponden convenientemente a nuestros intereses. Cuando se trata del creciente nacionalismo en Europa, las élites no ven mucho más. Ellas interpretan el impresionante nuevo apoyo a los partidos de derechas como expresiones de fervor patriótico, pero en cambio ven la retórica patriótica como un frente, a lo más, de frustración económica, pero casi siempre como racismo y xenofobia.

Lo que las élites no ven es cómo sus propios intereses se disfrazan como idealismo cosmopolita. Noonan señala que las élites alemanas se felicitan a ellas mismas por la rectitud moral de la decisión de Merkel de admitir a un millón de los inmigrantes musulmanes. Es cierto, pero también se han aislado de las consecuencias. Y más que aislados, pueden beneficiarse de los costos de mano de obra más barata.

Con el tiempo, el gráfico de elefante predice cambios a gran escala en la política democrática en el Oeste. Las élites ahora tienen un fuerte interés en el debilitamiento del Estado-nación disminuyendo de este modo el poder de los votantes a quienes ellas deben responder. Una ideología radical de fronteras abiertas es una manera de hacerlo. Otra forma es aumentar el poder de los tribunales internacionales de derechos humanos. En una década puedo imaginar fácilmente fallos que anulen mayorías nacionales que son consideradas «no progresivas».

Pero yo no necesito evocar el futuro. Por lo menos en una generación, los más selectos colegios y universidades de América se han rediseñados explícitamente como instituciones globales. Por implicación, ya no son responsables ante el interés nacional de Estados Unidos. Su misión es más noble: el interés del mundo. La misma dinámica es repetida en el mundo corporativo. Silicon Valley responde al mundo, no responde a América.

Lo que pasa desapercibido es el hecho de que una misión global proporciona razones para descartar las preocupaciones de los que no forman parte de la élite en América. Las teorías convenientes sobre el racismo inherente de los ciudadanos comunes muy bien desacreditan sus opiniones. El fuego crítico de un plástico, fácilmente manipulado multiculturalismo puede ser entrenado de una manera u otra para degradar la lealtad patriótica. Mientras tanto, un utilitarismo estricto nos dice que la ciudadanía es una construcción diseñada para aguantar «grietas». Los ciudadanos comunes se sienten abandonados y la frustración se acumula, conduciendo el populismo de hoy.

Noonan es correcta. La disociación de los líderes y los liderados es «algo grande». Las fuerzas económicas que conducen esta disociación son poderosas. Los soportes ideológicos —un cosmopolitismo moral superior, un multiculturalismo flexible, y ahora dominante pensamiento utilitario— son fuertes. Como he escrito en otros lugares, las probabilidades son buenas de que la era democrática llegará a su fin. El diagrama del elefante sugiere que el futuro será uno de Imperio.

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R. Reno es editor de First Things.