Maria-Pia Negro Chin

Maria-Pia Negro Chin

Si tuviera que huir de su casa, ¿qué llevaría consigo? Comida o agua para el viaje incierto? Fotos de sus seres queridos? ¿Un recuerdo de su patria? ¿Su teléfono? ¿Su pasaporte?

Cada día, la guerra, la violencia, la persecución o la opresión obligan a miles de familias a huir de sus hogares. Estas son personas como usted y yo que dejan todo atrás — todo excepto sus esperanzas de un futuro a salvo.

Como parte de su campaña #ConLosRefugiados del año pasado, ACNUR, la agencia de refugiados de las Naciones Unidas, produjo videos sobre las experiencias desgarradoras de los desplazados forzados. Uno de sus videos mostraba un poema que enumeraba lo que estos refugiados tomaron con ellos y por qué llevaban estos objetos en su búsqueda de supervivencia. (Para ver este video, vaya a bit.ly/2sl4cjz)

Al escuchar la lista de objetos, podría imaginar a los niños, adolescentes, madres y padres, abuelos que llevaron lo que pudieron para sobrevivir o para brindarles consuelo. Me hizo recordar un post en las redes sociales que mostraba a una joven adolescente de Siria, llamada Eslam, que mientras huía llevaba una mochila con tres camisas, pantalones vaqueros, un brazalete y un osito de peluche que más tarde tuvo que dejar atrás.

También pensé en Rawan Batal, otra adolescente siria, que huyó de su casa con su madre y dos hermanos. Ella tuvo que dejar todo atrás.

“No hubo tiempo para coger nada”, le dijo a ACNUR. “Teníamos sólo la ropa que llevábamos”.

Tenía 16 años cuando se convirtió en refugiada en 2013. Más tarde se reunió con su padre y su hermano y la familia caminó por varios días, cruzando a Turquía.

Rawan y Eslam son sólo dos ejemplos de jóvenes que huyen de sus países todos los días. En todo el mundo, hay alrededor de 65 millones de desplazados forzados (incluyendo refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos). De los 21,3 millones de refugiados en el mundo, las Naciones Unidas indica que aproximadamente la mitad son menores de 18 años.

Los adolescentes están entre los más vulnerables a la violencia en cualquier población de refugiados. A veces continúan experimentando dificultades y peligros. Otras veces pueden recuperar una apariencia de normalidad estudiando en campamentos de refugiados, mientras esperan a que su hogar esté lo suficientemente seguro como para regresar. Mantienen sus sueños, esperanzas y voluntad para sobrevivir.

El 20 de junio, la ONU llama a la comunidad mundial a celebrar el Día Mundial del Refugiado “para honrar el valor, la fuerza y la determinación de las mujeres, los hombres y los niños que se ven obligados a huir de su patria bajo amenaza de persecución, conflicto y violencia”.

¿Cómo puede demostrar solidaridad y ayudar a los refugiados en su difícil situación en ese día y en adelante? Organizaciones católicas como Catholic Relief Service, Caritas, y Jesuit Refugee Service, que brindan apoyo en campamentos de refugiados y comunidades alrededor del mundo, sugieren algunas maneras de ayudar.

Estos incluyen aprender más acerca de la crisis de refugiados y migrantes, abogar por los refugiados, usar las redes sociales para aumentar la conciencia y disipar los mitos, recaudar fondos para apoyar a las organizaciones que ayudan a refugiados localmente y en el extranjero, orando por la protección de los refugiados y por el fin a las causas de la violencia que obliga a las familias a huir, y ser voluntario en las agencias de reasentamiento para ayudar a los refugiados en su área.

“Los refugiados son personas como todos, pero a quienes la guerra les ha quitado la casa, el trabajo, los familiares, los amigos”, dijo el papa Francisco en la víspera del Día Mundial de Refugiados del año pasado. “Sus historias y sus rostros nos llaman a renovar el compromiso para construir la paz en la justicia. Por esto queremos estar con ellos: salir a su encuentro, acogerlos, escucharlos, para ser juntos artesanos de paz según la voluntad de Dios”.

El Libro de Levítico llamó a los israelitas a amar a los inmigrantes y a los refugiados y tratarlos de manera diferente a sus vecinos “porque ustedes también fueron una vez extranjeros en la tierra de Egipto”. Como cristianos, tenemos el mismo llamado para extender una mano a los refugiados y personas vulnerables, porque cuando lo hacemos, nos encontramos con Jesús — quien fue parte de una familia de refugiados en Egipto.