Maria-Pia Negro Chin

“Todos hemos nacido para ser santos”. Ha oído esa frase antes? Piensa que esa es la razón por la cual Dios lo trajo al mundo?

Nos cuesta creer esto porque muchos de nosotros tenemos ideas equivocadas sobre lo que significa ser santo.

“Los santos no son personas ‘extraordinarias’. No son como ‘extraterrestres’ que bajan a la tierra”, escribió el arzobispo de Los Ángeles José H. Gómez. “Demasiada gente piensa eso. Y esto dificulta el poder ayudarles a ver lo que Dios quiere de nuestras vidas”.

Los santos son personas comunes y corrientes, como ustedes y como yo. “Lo que hace la diferencia es que los santos realmente creen que son hijos de Dios”, dijo el arzobispo. “Ellos creen realmente que Dios los creó con un motivo, para una relación”.

He estado leyendo “Ablaze: Stories of Daring Teen Saints”, donde la autora Colleen Swaim examina las vidas de ocho adolescentes cuyos corazones ardían con el Espíritu Santo. La historia de la beata Chiara “Luce” Badano me recordó las palabras del arzobispo Gómez.

Chiara nació el 29 de octubre de 1971 en un pueblo montañés cerca de Savona, Italia. Sus padres, Ruggero y María Teresa, rezaron durante 11 años para tener un hijo.

A Chiara le gustaba cantar, bailar y jugar al tenis. Pero ella supo desde pequeña que Dios siempre está presente.

Al crecer, sus padres le dieron su amor y la fe católica. Seguir a Jesús dio significado a su vida. Cuando tenía 9 años, Chiara se involucró con Focolare, un movimiento internacional basado en el Evangelio reconocido por la Iglesia Católica. A los 12 años, escribió a la fundadora de Focolare diciendo: “Debo aprender a confiar más en Jesús, a creer en su inmenso amor”.

Chiara estaba llena de vida y tenía una personalidad generosa y vivaz. Ella experimentó algunas dificultades, como mudarse a una ciudad diferente, burlas de compañeros de clase e incluso fallar algunas clases en la escuela.

Sin embargo, ella realizó pequeños actos de amor. Intentó ir a misa y visitar a ancianos a menudo. Después, pasó noches al pie de a la cama de sus abuelos para cuidarlos.

En el verano de 1988, Chiara sintió un dolor agudo en su brazo. El diagnóstico del médico fue el sarcoma osteogénico, un tipo de cáncer de huesos.

Las cirugías y el tratamiento fueron dolorosos, pero ella se los ofreció a Dios: “¡Por ti, Jesús, si lo deseas, yo también lo quiero!”

Incluso cuando estaba sufriendo, Chiara llevaba el mensaje de Dios a los demás. En lugar de descansar en el hospital, Chiara a menudo daba largas caminatas con una paciente que sufría de depresión.

“Ella constantemente trató de no enfocarse sí misma sino pensar en los demás, incluso en medio de su sufrimiento”, dijo Swaim. En un momento, ella donó su regalo de cumpleaños a un amigo que se dirigía a Benín en África occidental para cavar pozos de agua limpia.

La felicidad de Chiara era contagiosa. En el hospital, ella atendió a otros pacientes y animó y consoló a sus padres y amigos.

El cáncer se extendió, pero Chiara hizo su mejor esfuerzo para vivir una vida normal y feliz. Incluso cuando perdió el uso de sus piernas, no se quejó. Ella dijo: “No me queda nada, pero aún tengo mi corazón, y con eso siempre puedo amar”.

El 7 de octubre de 1990, Chiara murió en su casa. Ella tenía 18 años. Pero su historia continuó. La gente se inspiró tanto en la vida y la santidad de esta adolescente que su obispo abrió la causa de su santidad. Fue beatificada en septiembre de 2010.

Como dijo el movimiento Focolare, los 25,000 jóvenes de 57 países que asistieron a su beatificación demuestran que “Chiara Luce Badano ha dado testimonio de un modelo de santidad que todos pueden vivir”.