Archbishop Charles Chaput, O.F.M. Cap.

El Adviento es un tiempo maravilloso del año. Es ese tiempo especial cuando las familias se apiñan alrededor del televisor (o a solas, en sus diversos dispositivos móviles) para ver cientos de avisos que inspiran codicia y para escuchar villancicos de Navidad con letras adaptadas para la venta de boletos de lotería, automóviles y teléfonos inteligentes.

Ésa es la Opción A. La Opción B es ésta: podemos hacer del Adviento 2017 algo mucho más profundo y mucho mejor. Podemos vivirlo como se supone que sea vivido.

C.S. Lewis, el gran erudito y narrador cristiano del siglo pasado, tenía una particular aversión por la celebración pagana anual llamada Xmas (ahora «las fiestas» —hasta Xmas era demasiado religiosa para los propósitos del mercadeo masivo). Lewis no era un Scrooge, y ciertamente conocía la belleza y la alegría de dar regalos enraizados en el amor. Pero siempre llevó a sus lectores a recordar de qué se tratan en realidad el Adviento y la Navidad.

En su novela El león, la bruja y el armario, Lewis describe el miedo y la tristeza de un mundo imaginario (Narnia) gobernado por una malvada bruja; un mundo donde es «siempre invierno y nunca Navidad». Y en ese mundo, cuando finalmente llega Papá Noel, él es el signo de una llegada aún mayor: la venida del león Aslan, hijo del Gran Rey sobre el agua y el salvador y libertador de Narnia. Una alegoría cristiana más viva es difícil de imaginar.

La alegría en Navidad tiene su origen en el nacimiento de Jesucristo, Redentor del hombre. El Adviento, el comienzo del año nuevo de la Iglesia, es el prefacio o precuela para el evento que cambiaría el mundo. Él prepara nuestros corazones para recibir al Niño Jesús en Belén y también Jesús el Hijo de Dios y Señor de la historia al final de los tiempos. Es una época para reflexionar, arrepentirse, dejar a un lado nuestros pecados y fracasos y comenzar otra vez con esperanza como verdaderos discípulos.

¿Cómo lo hacemos? La vida cristiana implica un equilibrio de contemplación (oración, adoración y los sacramentos) y acción (los trabajos prácticos de discipulado que fluyen de nuestra fe). Por lo tanto, no hay tal cosa como una acción auténticamente cristiana sin estar anclada en una fe personal y una relación con Jesucristo.

Ésta es la razón por la cual es tan importante ponernos en la presencia de Dios a través de la oración diaria, la misa y la confesión frecuente, y la lectura regular de las Escrituras: Éstas son aguas vivificantes en el desierto de nuestros desafíos y distracciones diarias. Leer y orar sobre los capítulos primero y segundo del Evangelio de Lucas cada día durante el Adviento es una gran manera de experimentar la riqueza de este tiempo.

Pero la semilla de la fe está destinada a crecer en una vida de apostolado. Eso significa comprender las necesidades de los demás. María y José eran extranjeros para Belén, eran viajeros, pobres, y sin refugio esa primera Navidad. Recordando eso este tiempo es una buena manera de dirigir nuestros pensamientos de nosotros mismos hacia las esperanzas y preocupaciones de los demás; y muchas personas necesitan nuestra ayuda.

Pongamos un ejemplo: a pesar de la bondad de muchos filadelfianos y el gran trabajo de nuestros Servicios Sociales Católicos y otras organizaciones, nuestra ciudad se encuentra entre las 10 ciudades más grandes de Estados Unidos en temas como desempleo, ingreso promedio, pobreza , vivienda y educación.

El hambre, asombrosamente, es también un problema importante para una nación tan rica como Estados Unidos. Uno de cada cinco ciudadanos de Filadelfia no puede pagar por suficiente alimento, según el grupo Hunger Free America. Esto hace que el trabajo de nuestros Servicios Arquidiocesanos de Desarrollo Nutricional (NDS por sus siglas en inglés), especialmente los Programas de Nutrición Infantil de NDS y el Programa de Alimentos Comunitarios NDS, sean doblemente vitales.

Mientras tanto, nuestra área metropolitana es el hogar de miles de jóvenes adultos que viven en el limbo este Adviento debido al cierre del programa federal de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés). Estas personas llegaron como niños con padres que inmigraron ilegalmente. Han crecido en Estados Unidos sin conocer otra nación u hogar.

Para decirlo sin rodeos, Estados Unidos es su hogar, pero no son ciudadanos. Y a partir de marzo del 2018, hasta 1,400 beneficiarios de DACA por día, de los 800,000 en todo el país, estarán sujetos a deportación.

Nuestros dos partidos políticos, así como la Casa Blanca, simpatizan con la difícil situación de estos jóvenes. Pero el diablo (o Dios) está en los detalles. Las buenas intenciones en Washington a menudo colapsan en disputas partidistas. Entre los actos de bondad más grandes que podemos hacer esta Navidad es escribir a nuestros senadores y congresistas de Estados Unidos.

Necesitamos instar a nuestros representantes federales a que aprueben la Ley de Desarrollo, Ayuda y Educación de Menores Extranjeros (DREAM, siglas en inglés) sin demora. El DREAM Act es una buena solución a éste importante problema, y ​​cuenta con mi fuerte apoyo y el apoyo de los obispos de Estados Unidos.

Al final, seremos juzgados por la profundidad de nuestra fe y cómo moldeó nuestras vidas, o no. Es una verdad simple, pero una buena a tener en cuenta en los días que quedan de Adviento.

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Nota del editor: Puede encontrar información sobre los Servicios de Desarrollo Nutricional de la Arquidiócesis en http://nutritionaldevelopmentservices.org/. Las donaciones deducibles de los impuestos se pueden enviar a: Nutritional Development Services, Archdiocese of Philadelphia, 222 North 17th Street, Philadelphia, PA 19103.

La información sobre el DREAM Act se puede encontrar en https://justiceforimmigrants.org/action-alerts/action-alert-support-dream-act-2017/.

La información de contacto para senadores y congresistas de EE. UU. Se puede encontrar en: https://www.pacatholic.org/resources/voter-voice/?vvsrc=%2fAddress