Archbishop Charles Chaput, O.F.M. Cap.

Estos días restantes antes de Pascua son el momento más sagrado de cada año. Empecé a escribir esta columna para explicar lo que la palabra «santa» significa en Semana Santa; pero las acciones a menudo hablan y enseñan más ruidosamente que las palabras.

El viernes 23 de marzo, una persona islamista armada atacó un supermercado en el sur de Francia. Un yihadista leal a ISIS, asesinó a un trabajador y a un cliente e hirió a muchos otros. En el posterior enfrentamiento con la policía, un gendarme teniente coronel –Arnaud Beltrame– se intercambió por una mujer como rehén. Varias horas más tarde, el atacante le disparó a Beltrame en la garganta y fue luego eliminado por disparos de la policía; Beltrame murió la mañana del sábado en un hospital de Carcasona; y ahí radica una historia.

Beltrame y su esposa Marielle ya estaban casados por lo civil cuando ellos visitaron un monasterio agustino francés local en el 2016. Una vez allí, se reunieron y se hizo amigo de un sacerdote. En los próximos dos años, el sacerdote —el padre Jean-Baptiste— ayudó a Arnaud y Marielle a través de decenas de conversaciones y muchas horas de preparación al matrimonio para prepararlos para una boda católica. Beltrame incluso había caminado el Camino Real en España —camino de peregrinación— con su padre, fallecido recientemente.

De hecho, según los primeros informes de prensa, el oficial gendarme asistió al funeral de su padre exactamente una semana antes de que él mismo fuera mortalmente herido.

El 24 de marzo, la mañana de la muerte de Arnaud, Le Monde informó que Beltrame era conocido por su valentía, inteligencia y compromiso al servicio público; un líder muy querido y ampliamente respetado por su devoción generosa a sus tropas. Era una gran y sincera alabanza, pero muy alejada de los detalles más importantes acerca de su vida; porque, según Le Monde, el mismo padre Jean-Baptiste, que preparó a Arnaud y Marielle para su planeado matrimonio sacramental, también administró el sacramento de la unción y rezó junto con su esposa poco antes de que el oficial falleciera.

La Diócesis Francesa de las Fuerzas Armadas publicó este aviso público (libremente traducido aquí):

BELTRAME ARNAUD: Un heroico oficial cristiano que dio su vida para salvar a otros

Testimonio de un canónigo de la Abadía de Lagrasse (Aude), el día de su muerte, el 24 de marzo del 2018.

Es por la coincidencia de una reunión durante una visita a la abadía… que llegué a conocer al teniente coronel Arnaud Beltrame y a Marielle, quienes se casaron el 02 de agosto del 2016. Nos hicimos amigos muy rápidamente, y me pidieron que los preparara para su boda religiosa, que yo iba a celebrar cerca de Vannes, el 9 de junio de este año. Pasamos muchas horas trabajando en los fundamentos de la vida de casados por casi dos años; yo había bendecido su casa el 16 de diciembre, y estábamos finalizando su registro de matrimonio canónico. La muy hermosa declaración de intención de Arnaud me llegó 4 días antes de su muerte heroica.

Esta joven pareja regularmente iba a la abadía para participar en las misas, el oficio y en sesiones de enseñanza, especialmente para grupos de parejas, Notre-Dame de Cana. Eran parte del equipo de Narbona; estaban allí de nuevo el domingo pasado.

Inteligente, deportivo, voluble y animado, Arnaud hablaba fácilmente de su conversión. Nacido en una familia con poca práctica religiosa, vivió una auténtica conversión alrededor del 2008, a casi 33 años de edad. Recibió su primera comunión y confirmación después de dos años de catecumenado, en el 2010.

Después de una peregrinación a Sainte-Anne-d ‘ Auray, en el año 2015, donde pidió a la Virgen María para conocer a la mujer de su vida, él hizo amistad con Marielle, cuya fe es profunda y discreta. Su compromiso se celebró en la Abadía de Breton de Timadeuc en Semana Santa del 2016.

Dedicado a la gendarmería, siempre tuvo una pasión por Francia, su grandeza, su historia y sus raíces cristianas que redescubrió con su conversión.

Tomando el lugar de los rehenes, él probablemente fue animado por su compromiso con el heroísmo de un oficial, porque para él, ser un policía significaba proteger a los demás; pero él sabía el riesgo increíble que estaba tomando.

Él también conocía la promesa de un matrimonio religioso que le había hecho a Marielle, que ya es su esposa y lo ama con ternura, de lo que yo soy un testigo. ¿Se le permitió tomar ese riesgo? Me parece que sólo la fe puede explicar la locura de este sacrificio que es hoy la admiración de todos. Entendió, como Jesús nos dijo, que no hay ningún amor mayor que dar la vida por los amigos (Jn 15:13). Sabía que si su vida pertenecía a Marielle, también pertenecía a Dios, a Francia y a sus hermanos en peligro de muerte; creo que sólo una fe cristiana animada por la caridad podría pedir este sacrificio sobrehumano.

Pude visitarlo en el hospital de Carcasona alrededor de las 9:00 p.m. [23 de marzo] ayer por la noche. Los gendarmes y los médicos y enfermeras abrieron paso con notable delicadeza; estaba vivo pero inconsciente. Pude administrarle el sacramento de los enfermos y la bendición apostólica en el umbral de la muerte; Marielle participó en estas hermosas fórmulas litúrgicas.

Estábamos [en las horas del viernes y del sábado] antes de la apertura de la Semana Santa; yo acababa de orar el oficio de la hora nona y las estaciones de la Cruz por él. Pedí [al personal médico] si él podría tener una medalla mariana, la de la Rue du Bac de París, cerca de él; una enfermera se la prendió en el hombro.

Por supuesto que yo no podría [sacramentalmente] casarlos a él y Marielle, como un artículo de prensa muy incorrectamente reportó, porque él estaba inconsciente.

Arnaud nunca tendrá hijos propios; pero su heroísmo increíble, creo que inspirará a muchos imitadores, dispuestos a entregarse por Francia y por su cristiano regocijo».

¿Cuál es el punto de esta historia?

Arnaud Beltrame era un ser completamente humano como el resto de nosotros. Él había, según cuentan, incursionado en la masonería antes de su conversión religiosa; era imperfecto y no un mártir, por lo menos no del modo en que usualmente nos referimos a la palabra. Él era un funcionario común haciendo su trabajo diario en un día que resultó ser nada ordinario; no tenía que ofrecerse él mismo como rehén. Él podría haber hecho lo contrario. Él no tenía que hacer nada arriesgado; era un hombre enamorado preparándose para una boda, y había otros agentes de policía en la escena.

Pero si «mártir» significa testigo (y lo es), sin duda él ofreció un ejemplo –un testimonio– de una vida vivida para otros. Él era un hombre que deliberadamente formó y disciplinó su propia vida hasta que convirtió en un hábito, un reflejo, el poner el bienestar de otros antes del suyo propio; él era también un hombre con sentido común y sustancia de alma para preguntar lo que su vida significaba, para escuchar una respuesta y para encontrar ese significado en su fe católica.

Esta semana es Semana Santa, y la palabra «santa» tiene como significado original en hebreo algo que es «otro» (separado). Los caminos de Dios no son caminos humanos; son separados de los nuestros, más elevados y mejores, más potentes, móviles y redentores que los nuestros propios. No es lógico, no es «normal», para nadie poner su vida en peligro por un amigo, mucho menos por un completo desconocido como lo hizo Arnaud Beltrame; solamente una clase especial de amor puede hacer que una persona haga algo tan irrazonablemente bello. Esto es por qué Juan 15:13 dice que no hay amor más grande que dar la vida por sus amigos. Es un amor tan grande que un viernes hace 2.000 años, volvió el mundo al revés y —con ironía divina– derrotó la muerte a través de un instrumento de tortura llamado la Cruz.

No existe mayor amor que el amor que Dios tiene por cada uno de nosotros. Ése el significado de estos días santos. Así que Dios nos dé a todos nosotros la bendición de un Jueves Santo, un profundo Viernes Santo y el regocijo de la vida nueva en la resurrección esta Pascua.

Como la palabra de Dios nos recuerda: El amor es tan fuerte como –no, incluso más fuerte que— la muerte.