El papa Francisco celebra la Misa de Pascua en la Plaza de San Pedro el 21 de abril del 2019 en el Vaticano. (Foto CNS-Paul Haring)

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — Como individuos y como iglesia, puede ser tentador insistir en los errores, fallas y pecados que obstaculizan la plenitud de la vida, pero la Pascua es la proclamación de que el Señor es el vencedor y su amor triunfará, dijo el papa Francisco.

“Pascua es la fiesta de la remoción de las lápidas, las rocas se hacen a un lado”, dijo el papa en su homilía el 20 de abril durante la vigilia pascual.

La mirada del Señor resucitado, dijo, “nos llena de esperanza porque nos indica que somos amados en todo momento y que por mucho desastre que hagamos, su amor sigue intacto. Es la certeza indiscutible que tenemos en la vida: su amor no cambia”.

El papa Francisco comenzó la vigilia en el atrio de la Basílica de San Pedro, con la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual. Un diácono llevó el cirio a la basílica en penumbras, encendió la vela del papa y empezó a compartir la llama con los miles de fieles congregados. Poco a poco se llenó de luz la iglesia católica más grande del mundo.la ResurreDurante la liturgia, el papa Francisco bautizó y confirmó a ocho adultos, entre las edades de 21 y 60 años. Entre las cinco mujeres y tres hombres había cuatro italianos y personas de Ecuador, Perú, Albania e Indonesia.

El papa dedicó su homilía al relato del Evangelio sobre las mujeres que iban al sepulcro de Jesús para ungir su cuerpo sin vida. El papa Francisco se imaginó que a las mujeres les preocupaba cómo quitarían la piedra que sellaba la tumba y dijo que de igual modo es una preocupación que toda la comunidad cristiana puede experimentar.

“A veces –dijo– parece que todo se topa con una piedra: la belleza de la creación contra la tragedia del pecado; la liberación de la esclavitud contra la infidelidad al pacto; las promesas de los profetas contra la apática indiferencia de la gente”.

“En la historia de la iglesia y en nuestra propia historia personal”, dijo, parecería que “los pasos que tomamos nunca nos llevan a la meta. Podemos sentirnos tentados a pensar que la esperanza frustrada es la deprimente ley de vida”.

Pero, afirmó: “Dios aparta incluso las más duras piedras contra las cuales chocan nuestras esperanzas y expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, lo mundano”.

La iglesia está construida sobre el Jesús resucitado, la piedra viva –dijo– “e inclusive cuando crece el desánimo y nos sentimos tentados a juzgar todo a la luz de nuestros fracasos, él viene para hacer todo nuevo, para remover todas nuestras decepciones”.

La alegría de la Pascua llega cuando las personas aprenden a mirar su vida como lo hace Dios, “porque en cada uno de nosotros, él nunca deja de ver una fuente incontenible de belleza”, expresó el papa Francisco. “En el pecado, él ve hijos e hijas para ser recuperados; en la muerte, a hermanos y hermanas para renacer; en la desolación, corazones para ser revividos”.

En Viernes Santo, recordando la muerte de Jesús en la cruz, el papa guió a miles a reflexionar sobre las cruces de la soledad, el miedo y la traición que crucifican a incontables hombres, mujeres y niños en el mundo.

En el Viacrucis anual en el Coliseo de Roma el 19 de abril, la meditación de cada estación reflejó el sufrimiento y dolor de las personas explotadas y marginadas.