Archbishop Charles Chaput, O.F.M. Cap.

Jean Duchesne fue cofundador de la edición francesa de la revista teológica internacional Communio y sirvió como asistente especial del fallecido cardenal Jean-Marie Lustiger de París durante más de 25 años. Él ha sido autor de numerosos libros y artículos sobre la fe, activo en el diálogo judeo-católico y consultor de sucesores de Lustiger, y un amigo de la Iglesia en Estados Unidos durante década; él y su familia viven en París. Le agradezco su disposición  de ofrecer sus pensamientos a continuación acerca del fuego de París en la Semana Santa.

NOTA IMPORTANTE: Notre Dame de Paris es un símbolo de fe que pertenece a los católicos del mundo.  Muchas de nuestras parroquias van a llevar a cabo una segunda colecta el domingo de Pascua para ayudar a reparar y reconstruir la Catedral de Notre Dame.  Por favor sea tan generoso como le sea posible..

Por favor oren por la comunidad católica en Francia, y que Dios bendiga a todos nosotros con un Triduo santo y una Pascua alegre.

+Charles J. Chaput, O.F.M. Cap.
Archbishop of Philadelphia

Ver a Notre Dame de París quemarse y amenazar con derrumbarse fue un choque que dejó a todos sin voz –incluyendo al presidente Emmanuel Macron, que canceló un discurso que trata de los disturbios civiles en Francia en los últimos meses.

La catedral que se impone sobre la isla en el Sena que fue la cuna de la ciudad es más que un venerable edificio medieval, más que una obra maestra arquitectónica excepcionalmente bella. Ha sido durante siglos el corazón no sólo de París sino de toda la nación, el lugar donde incluso  presidentes y ministros ateos vinieron a orar, porque no pudieron pensar en otra cosa que hacer cuando Francia fue victoriosa (en 1918), derrotada (en 1940) o liberada (en 1944). Fue profanada durante la revolución francesa y se convirtió en un templo de la diosa de la razón, pero Napoleón se dio cuenta de que tenía que devolverla a la Iglesia y ser coronado allí si realmente iba a convertirse en un emperador.

Es también un vibrante recordatorio de la fe de nuestros antepasados, que formó el monumento e inspiró cada detalle como una faceta de la revelación y dones de Dios así como el diseño en general. Fue concebida y ha sobrevivido como una representación de la morada celestial, la que todo el mundo espera abiertamente o sueña secretamente. Que algo tan antiguo desafiara el tiempo y permaneciera siendo tan misteriosamente significativa se percibe como un milagro que ninguna ciencia puede negar o explicar ; por esta razón  incluso los que no creen se sienten  afectados. La catedral de París es el símbolo no sólo de la fe católica, sino del hecho de que todos los seres humanos tienen alma.

Algo extraño es que los que no son católicos se lamentan más ruidosamente que los católicos. Temen que el daño es irreversible. ¿Puede repararse?;¿cuánto costará?; ¿puede costearse ? Ya se ha iniciado un fondo para recaudar el dinero que se necesita. Pero, ¿será esto suficiente para restaurar todo como estaba? ; ¿es posible reconstruir el marco de roble del techo que había resistido los elementos desde el siglo XIII?; ¿será Notre Dame la misma otra vez?

Los fieles son menos pesimistas, aunque razonablemente podrían serlo. El fallecido cardenal Jean-Marie Lustiger había centrado la vida de la Arquidiócesis de París en y alrededor de la catedral y redecoró el interior con un elegante altar moderno en el centro. La pérdida de todo esto parece ser el último golpe después de todos los escándalos de abusos sexuales que han afectado a la Iglesia recientemente y todos los estudios sociológicos destacando la caída en picada de bautismos, ordenaciones y vocaciones religiosas, o el revelar que las generaciones jóvenes simplemente no están  seguras de qué conmemoran los cristianos en la Pascua o qué es exactamente una parroquia.

Y encima de todo, esto sucede al inicio de la Semana Santa, el momento más sagrado del año para los cristianos: ¿dónde el arzobispo reunirá sus sacerdotes para la Misa Crismal?; y finalmente,  ¿por qué Dios permitió esto?

Notre Dame encendida y tal vez inservible por meses si no años es sin duda una prueba.  Pero la fe no permite ver esto como un castigo o la confirmación de una decadencia y caída. Hay algún consuelo en el sentido tan masivo de aflicción y solidaridad de los no creyentes, porque prueba que para ellos, por muy irreligiosos que son, la Iglesia visible no es un mero vestigio del pasado, sino una parte vital del paisaje, sin la cual a ellos mismos les falta algo. Pero a pesar de esto, al final, este apoyo no hace mucha difrencia.

Lo que es decisivo es el conocimiento de que Jesucristo el novio nunca abandonará a su novia la Iglesia — que no significa que nunca se probará su fidelidad. El templo en el Monte Sión fue destruido, reconstruido y destruido otra vez; San Pedro en Roma fue saqueada varias veces; los cruzados perdieron Jerusalén. En última instancia lo que importa no es el significante (la catedral), sino el significado (la gloria de Dios) que siempre permanece fértil y siempre inspirará a aquellos que lo deseen.