Archbishop Charles J. Chaput

Archbishop Charles J. Chaput

Vivimos en una época en que los nervios de las personas están de punta debido a información que no gusta, en la que no confían y muy a menudo no necesitan. Nos ahogan en anuncios, cabildeo y política de maldad. Mientras tanto, los mensajes realmente vitales, que dan vida, flotan inadvertidos. Y acerca de las cuestiones difíciles, es más fácil omitir el pensar y llegar directamente al argumento.

El papa Francisco toma un enfoque diferente. Con más de 250 páginas, la reciente exhortación apostólica del Santo Padre sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia («La alegría del amor») puede parecer intimidante —algo así como mirar fijamente a la cumbre del monte Everest desde el campo base. Pero es ahí donde la semejanza termina. Éste es un documento accesible a cualquier adulto interesado en su fe. Y merece ser leído completamente en un ritmo reflexivo. También debe sopesarse cuidadosamente a la luz de Familiaris consortio de san Juan Pablo II, la teología del cuerpo y otros documentos anteriores de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia.

Como en su texto anterior Evangelii Gaudium («La alegría del Evangelio»), los pensamientos postsinodales de Francisco acerca de la familia están escritos claramente y con una excelente y rica enseñanza, ofrecidos en un estilo atractivo y propio. Los que buscan un cambio en la enseñanza católica sobre el matrimonio, divorcio, familia y sexualidad se sentirán decepcionados, como ya han demostrado los titulares en la prensa secular. Otros pueden encontrar momentos en el texto del capítulo 8, cuando el énfasis en la sensibilidad pastoral en situación matrimonial irregular parece ambiguo en su contenido.

De ahí que, las personas necesitan entender «La alegría del amor» en el contexto de la totalidad del pensamiento católico y la sabiduría adquirida que lo enmarca. Este contexto moldeará la respuesta de la Iglesia en Filadelfia. Como Romano Guardini escribió —y recordemos que Guardini, uno de los grandes eruditos católicos del siglo pasado, es una influencia clave en la mente de este papa— la misericordia es la virtud mayor que la justicia. Pero como Guardini, también escribió, la misericordia real no puede existir desamarrada de la verdad. Y la verdad del matrimonio cristiano, enseñado por Jesús mismo, es que el matrimonio es un pacto permanente, irrevocable, con todo lo que implica para la vida sacramental católica.

Cada lector tendrá sus propios pasajes favoritos en este texto. Para mí, el rico centro de Amoris Laetitia se encuentra en los capítulos 4-7. La extendida reflexión del papa sobre la 1ra Carta de San Pablo a los Corintios es excepcionalmente bella. Los párrafos n.os 178-181 sobre la infertilidad, adopción, acogida y fomento de la vocación de la familia son excelentes. Así es el n.o 187 acerca de la familia extendida. El n.º 193 en la importancia de la memoria histórica es invaluable, así como son los n.os 174-177 en los roles de madres y padres. El no. 167 tiene algunas alabanzas agradables para las familias numerosas y el texto en su totalidad expresa una comprensión profunda del don de los niños.

Los párrafos n.os 47 y 48 muestran una sensibilidad genuina hacia los niños con necesidades especiales y los ancianos. El n.o 80 reafirma fuertemente el mensaje de Humanae Vitae, así como el n.o  83 reafirma la santidad de toda vida humana. Y en el n.o 56, Francisco claramente rechaza la ideología del género y la confusión de identidad sexual que promueve.

El capítulo 8 es una reflexión sensible de la necesidad de incluir al divorciado y al casado de nuevo por lo civil en la vida de la Iglesia, y del tratamiento de todas las personas en uniones irregulares con atención adecuada. En mi experiencia, es raro el párroco que deliberadamente intenta poner obstáculos en el camino de cualquiera que quiera vivir una buena vida cristiana. Al mismo tiempo, tenemos que recordar que la doctrina católica no es un «ideal» para ser alcanzado por unos pocos, sino una forma de vida que puede y debe ser vivida por todos nosotros.

Sería un error malinterpretar el espíritu compasivo de Amoris Laetitia como una licencia para ignorar la verdad cristiana sobre cuestiones esenciales, asuntos que incluyen la enseñanza católica sobre el matrimonio y la disciplina de la Iglesia en la administración de los sacramentos.

Mientras escribo estos pensamientos esta semana, directrices diocesanas para entender y aplicar Amoris Laetitia ya se están redactando y se distribuirán ampliamente en el próximo mes una vez que estén concluidas.

Mientras tanto, especialmente en la estela del Encuentro Mundial de las Familias el pasado año, los católicos de Filadelfia se pueden sólo enriquecer leyendo y orando sobre «La alegría del amor».