Archbishop Charles Chaput, O.F.M. Cap.

Archbishop Charles Chaput, O.F.M. Cap.

El lunes, 16 de enero de este año, se conmemora la vida del reverendo Martin Luther King, Jr., quien trabajó incansablemente por la justicia racial y fue víctima él mismo en 1968 del odio racial. Era un hombre de principio y valor, pero también de no violencia y genuino civismo; una persona que luchó mucho por sus creencias pero nunca perdió el respeto fundamental para con sus oponentes. En un momento en la vida estadounidense cuando la venganza parece marcar a ambos lados del espectro político, el arzobispo Chaput ofrece en su columna de esta semana algunas palabras que escribió primero en el 2008.

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Los católicos pueden tomar una lección en el valor del Dr. Martin Luther King, Jr. de seguir una conciencia cristiana bien formada. King fue primero y sobre todo un ministro cristiano, guiado por su fe en Jesucristo. Su Carta desde la cárcel de Birmingham es una carta real; una respuesta a los clérigos de Alabama que públicamente criticaron a King por interferir en asuntos locales, abogando por derechos humanos, y violando la ley al mismo tiempo que argumentaba que otras leyes eran injustas.

Los clérigos querían saber por qué King, un forastero llegó a Birmingham en primer lugar. King respondió que él vino porque la injusticia estaba allí. Argumentó que no podía sentarse de brazos cruzados en Atlanta e ignorar los malos eventos en Birmingham. La injusticia en cualquier lugar, sentía King, es una amenaza a la justicia en todas partes. Las personas están vinculadas en una red ineludible de reciprocidad, una sola prenda del destino: «Cualquier cosa que afecte a uno de nosotros directamente, nos afecta a todos indirectamente». King se sintió obligado a estar en Birmingham. Permanecer en Atlanta hubiera violado su sentido de lo que era justo y moralmente necesario.

King entonces dirigió las acusaciones a los «agitadores» en su contra: «… tengo que confesar que no me asusta la palabra “tensión”. No he dejado nunca de oponerme a la tensión violenta, pero existe una clase de tensión no violenta constructiva, necesaria para el crecimiento».  Él no era ingenuo. Nunca asumió que el progreso sucedería sin opción humana, acción y sacrificio.  La historia de la humanidad no está en piloto automático para expandir la justicia, la libertad y la igualdad ante la ley a todos los pueblos. Ciertas personas necesitan crear tensión para que el progreso avance.

El «arma de la no violencia» de King le requirió a él y a sus seguidores voluntariamente desobedecer las leyes injustas y aceptar las consecuencias legales. Él sabía que cuando una masa crítica de sus seguidores aceptara el costo de retar las leyes malas, se llegaría a un punto decisivo y los eventos cambiarían a su favor.

King creyó que «se tiene la responsabilidad moral de desobedecer leyes injustas». En su Carta, invocó a dos grandes doctores de Iglesia cristiana, Agustín y Tomás de Aquino. Argumentó que «Una ley justa es un mandato formulado por el hombre que cuadra en la ley moral o la ley de Dios. Una ley injusta es una norma en conflicto con la ley moral». King no abogaba infringir la ley sólo porque es injusta, sino también para enseñar una lección. Un individuo que quebranta la ley debe estar «…dispuesto a aceptar la consiguiente sanción. Opino que un individuo que quebranta una ley injusta para su conciencia, y que acepta de buen grado la pena de prisión con tal de despertar la conciencia de la injusticia en la comunidad que la padece, está de hecho manifestando el más eminente respeto por la ley».

King escribió largamente en su Carta sobre el tipo de ciudadano que él consideraba casi peor que el «segregacionista rabioso, —el blanco moderado». Los blancos moderados eran ciudadanos que personalmente estaban de acuerdo con sus objetivos, pero se negaron a apoyar sus acciones públicas. Él escribió que él había esperado «…que el blanco moderado comprendería que la ley y el orden existen para la elaboración de la justicia, y que, cuando fracasan en este empeño, se convierten en unas trabas peligrosamente estructuradas que impiden el fluir del progreso social». Su esperanza ha sido a menudo decepcionada.

El Dr. King y sus seguidores estaban dispuestos a ir a la cárcel por causa de conciencia. Su Carta es un ejemplo del lenguaje al servicio de la verdad; del poder de las palabras para obligar a la acción coherente con la ley superior de Dios; de una conciencia cristiana sana y elocuente. Su carta también nos recuerda que muchos de nosotros estamos dispuestos a vivir muy cómodamente como cobardes. King escribió que «el progreso humano nunca discurre por la vía de lo inevitable. Es fruto de los esfuerzos incansables de hombres dispuestos a trabajar con Dios; y si suprimimos este esfuerzo denodado, el tiempo se convierte de por sí en aliado de las fuerzas del estancamiento social».

King estaba profundamente preocupado de que el mundo tan fácilmente desestimaba la Iglesia cristiana, comunidad de los discípulos de Cristo, «… como si se tratara de algún club social irrelevante, desprovisto de sentido para el siglo XX». Lamentó, «…profundamente desalentado, he llorado sobre la laxitud de la Iglesia».

King tenía poco uso para los cristianos laxos. Y tampoco deberíamos —sobre todo si los cristianos laxos somos nosotros. No tenemos excusas. Tenemos demasiados modelos de valor para guiarnos.

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NOTA IMPORTANTE: Arzobispo Chaput presidirá el 16 de enero en la 34ª reunión anual para honrar la vida y obra del Dr. King, en la iglesia católica San Felipe Neri, 437 Ridge Pike, Lafayette Hill, PA 19444. Preludio coral: 6:30; Servicio de oración: 7:00. Refrigerios a continuación. Todos son bienvenidos.